comienzos
Cómo empezó todo en Cles
Todo comenzó en Cles, un pequeño pueblo del Trentino, rodeado de montañas, bosques y ese silencio tan especial que solo se encuentra en los Alpes italianos.
Cuando llegué allí, no imaginaba que aquel lugar iba a cambiar mi manera de ver la lana y el trabajo hecho a mano. Recuerdo las tardes frías, las montañas cubiertas de nieve y las casas del pueblo desprendiendo ese calor de hogar que invita a quedarse. Fue allí donde descubrí el mundo del tejido.
Al principio, solo sentía curiosidad. Quería aprender a crear algo con mis propias manos, algo que tuviera tiempo, paciencia y una historia detrás. Poco a poco, aprendí los primeros puntos, a escoger la lana, a entender cómo se comportaba cada fibra y, sobre todo, a disfrutar del proceso.
Mis primeras piezas estaban lejos de ser perfectas, pero cada una me enseñaba algo nuevo. Con el tiempo, tejer se convirtió en mucho más que una afición. Se convirtió en una forma de conectar con la naturaleza que me rodeaba y con una tradición que ha acompañado durante generaciones a las personas que viven en las montañas.
En Cles aprendí que detrás de un jersey de lana hay mucho más que hilo: hay ovejas, paisajes, manos, paciencia y una historia.
Y quizás por eso sigo tejiendo hoy. Porque cada vez que cojo las agujas y la lana entre mis manos, vuelvo un poquito a aquellas montañas del Trentino donde empezó todo.